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 ¿Por qué los jóvenes consumen drogas?
 

Julio de 2003- En el año 2001 el Programa Presidencial Rumbos, inexistente desde Febrero de 2003, presentó los resultados de una encuesta nacional de consumo de sustancias psicoactivas en la población escolarizada de todo el país. En total 198.344 jóvenes entre los 10 y los 24 años respondieron a la encuesta y se encontró que el 83,8% ha consumido alcohol alguna vez en su vida, el 8,9% ha consumido marihuana alguna vez en su vida y el 4,5% ha consumido cocaína. Una de las situaciones que más tiende a confundir a los padres de familia, y en general a los adultos, es la falta de explicaciones adecuadas sobre por qué los jóvenes consumen sustancias adictivas que producen efectos perjudiciales para la salud, deterioran el comportamiento y/o afectan negativamente la capacidad de estudiar y trabajar.

Según Augusto Pérez Gómez, director de la Corporación Nuevos Rumbos, las razones que tienen las personas para consumir sustancias psicoactivas son diversas y comprenden desde cambios en la estructura familiar, trastornos psicopatológicos, problemas metabólicos, deficiencias hereditarias, alteraciones de la personalidad y ansiedad hasta situaciones normales de curiosidad o aburrimiento, bienestar o carencias económicas, el estar demasiado cerca de los hijos o no tener contacto con ellos, represiones sociales o religiosas, entre otros de una lista de factores, que según Pérez día a día se vuelven interminables.

Por motivos prácticos, se pueden agrupar todos los factores en 3 grandes categorías: aquellos relacionados con condiciones del medio ambiente; los relacionados con las características de la sustancia; y los asociados a características del sujeto que consume. Obviamente, los tres grupos son interdependientes. Pero antes de pasar a examinarlos vale la pena subrayar un punto que puede constituirse en un elemento fundamental de aproximación al problema: el consumo de sustancias psicoactivas no puede enfocarse de la misma manera como se analiza una enfermedad física o un trastorno psíquico, pues en esas situaciones se encuentran ciertos parámetros relativamente estables que permiten evaluar condiciones que también tienden a ser más o menos estables, situación no compartida con el problema del consumo de drogas.

 
Factores Relacionados con Condiciones del Medio Ambiente
 

La sociedad occidental cuenta entre sus características con la sobreturación de productos. El contexto general creado por esa publicidad implica que el consumo de determinadas sustancias proporcionará emociones, capacidades y eventualmente "poderes" insospechados a quienes las empleen; y también un determinado estatus: un asunto es inyectarse heroína (que está asociado con gran decadencia personal y social) y otro totalmente distinto "darse un pase" de cocaína en una fiesta. De esta manera, las sustancias psicoactivas se constituyen en auténticos "objetos de consumo", que pueden casi llegar a hacer parte de la canasta familiar de algunas personas.

El fenómeno de la moda, comenta Augusto Pérez, lleva a valorar (a través del cine, la televisión y la propaganda), formas de vida que nos son totalmente extrañas; pues aun cuando la tecnología contemporánea nos ha acostumbrado o familiarizado con otros estilos de existencia, la imitación gratuita empobrece y fomenta los modos contemporáneos de colonialismo.

 
Factores Relacionados con la Sustancia Misma
 

Tomando en consideración el hecho de que la cocaína es, en la mayor parte de América Latina, la droga con la que más problemas se presentan (exceptuando el alcohol), creemos que puede servirnos para ilustrar el punto sobre la importancia de la sustancia en el balance entre factores explicativos. Podrían elaborarse ejemplos similares con la marihuana o las benzodiacepinas, pero uno solo bastará para nuestros propósitos.

Según las investigaciones de Nuevos Rumbos, la cocaína parece tener tres momentos bien diferenciados en su consumo: en el primero es cuando se la emplea "recreativamente", es decir, para compartir ciertos momentos con otras personas y para disfrutar del bienestar que produce; en el segundo, pasa a ser un "compañero" de trabajo y de productividad acelerada, que permite competir en condiciones aparentemente óptimas; y el tercero es cuando se la requiere para no sentirse mal.

Hasta comienzos de los años ochenta, la mayor parte de los expertos consideraban que la cocaína--por oposición a la heroína-- no producía dependencia. Con ello se quería significar, fundamentalmente, que no producía lo que se conoce como "síndrome de abstinencia" y que no se presentaba tolerancia; el primer concepto significa que al dejar de emplear la sustancia, el organismo reacciona con síntomas de malestar (temblor, náuseas, alucinaciones, sudoración, angustia) que son muy evidentes en el caso de consumo crónico de alcohol y de heroína; el segundo término implica que, al cabo de un cierto tiempo de uso para obtener un determinado efecto se requiere aumentar las dosis. Evidentemente, el usuario ocasional de cocaína no experimenta ninguno de estos dos fenómenos.

Las aseveraciones de ausencia de síntomas de dependencia son correctas en la mayoría de los casos de usuarios ocasionales (una vez a la semana o menos) de cocaína inhalada por la nariz (clorhidrato de cocaína). Sin embargo con la forma inyectada (que actúa mucho más rápido y cuyos efectos duran menos tiempo) y sobre todo fumada (ya sea como "basuco", es decir, pasta básica de cocaína, o “base libre” y "crack", que son formas mucho más puras de la sustancia) se observan los dos efectos (dependencia y tolerancia); e incluso en quienes consumen cocaína inhalada crónicamente se observa claramente el síndrome de abstinencia: ciclos de insomnio-hipersomnio, depresión, ansiedad y pensamientos frecuentes asociados a la cocaína. En los casos de consumo crónico graves, se presentan alucinaciones visuales y táctiles productos de la intoxicación.

En resumen, como otras drogas de consumo severo, la cocaína sí puede producir dependencia y la aparición de los comportamientos que caracterizan la adicción dependen parcialmente de la forma y frecuencia como se ingiera la sustancia. Sin embargo, siempre hay un sujeto que decide. Con esto quiere decirse que en los últimos años se ha insistido demasiado sobre las "propiedades adictivas" de las drogas, como si se tratara de entes con vida propia que se consagraran a atacar a sujetos ingenuos y desprevenidos. Son, evidentemente, las personas quienes se convierten en adictas y por ello no resulta aceptable definir los problemas de los que estamos hablando en términos médicos, como si la drogadicción fuera algo que le ocurriera a la gente accidentalmente, de la misma manera que puede caerle una teja en la cabeza a un transeúnte que pasea tranquilamente por la calle. Así, aun cuando la sustancia que se emplee constituye uno de los polos de análisis, no tiene el mismo peso que los factores relacionados con la persona y con su medio ambiente.

 
Factores Asociados con el Sujeto
 

Cada quien tiene diferente personalidad, hay algunas personas que soportan mayor tensión que otras, algunas tienen susceptibilidades y “tendencias” que no existen en otras. Estos factores nunca son determinantes, simplemente "predisponen": para que algo que es simplemente "potencial" se convierta en "hecho cumplido", se requiere la presencia de un cierto número de condiciones que son muy difíciles de especificar a menos que se conozcan las predisposiciones, e incluso en esos casos se trata de probabilidades, no de certezas.

Muchos trabajos en los últimos diez años muestran que existe una sensibilidad biológica en algunas personas que las predispone a reaccionar de una forma particular ante ciertas sustancias. Así, hay personas que tienden a asimilar los alimentos de una forma peculiar, lo cual los predispone a la obesidad; otros son especialmente sensibles al alcohol, o a los barbitúricos, o a los estimulantes; si a dicha sensibilidad se le añaden condiciones negativas de vida y de relaciones (problemas familiares, dificultades económicas, decepciones), cuando se presente la oportunidad de ingerir alguna sustancia que le haga sentir un "cambio", así sea momentáneo, el sujeto tenderá a aprovecharla.

Para establecer las razones por las que algunas personas reinciden una y otra vez en su consumo de drogas a nivel personal, es necesario considerar elementos básicos como la curiosidad, los trastornos en la relación con el medio, en los que se combinan la historia personal, tensión y presión en el trabajo, en el estudio o en la familia, bajo nivel de resistencia a la frustración y al estrés, exceso de competitividad, ambiciones desmesuradas, carencia de metas y objetivos.

 
La Persona y su Familia
 

La familia ha sido considerada desde hace mucho tiempo como el pilar fundamental de la sociedad occidental. Las numerosas investigaciones que se han realizado sobre características de los usuarios de drogas muestran que en la casi totalidad de los casos existen problemas a nivel familiar. Naturalmente, como siempre en este campo, no se puede hablar de éste como factor causal, pues existen familias desestructuradas en las cuales ninguno de los hijos usa sustancias psicoactivas, e igualmente hay familias muy equilibradas con hijos drogadictos. Pero indudablemente es un factor de gran peso: los divorcios y separaciones, el mal entendimiento entre los padres, el alcoholismo de uno de ellos o de ambos y la falta de comunicación con los hijos aumentan considerablemente las probabilidades de problemas psicológicos entre estos últimos.

Según Augusto Pérez, cuando uno o ambos padres usan sustancias psicoactivas --lo cual tiende a ser cada vez más frecuente-- la situación puede hacerse desastrosa: no solamente porque el niño o el joven observa comportamientos resultantes directamente del consumo de esas sustancias, sino también porque el hecho de emplearlas suele ser fuente de conflictos familiares, de peleas, reproches y violencia.

No se puede negar que ciertas costumbres o patrones de interacción, provenientes de la época en que la estructura de la familia era patriarcal, se mantienen todavía en muchas familias. Parecería que muchos padres siguen considerando que la relación vertical y autoritaria, desprovista de un verdadero intercambio de puntos de vista, es la ideal; manifiestamente, en las circunstancias actuales el único resultado es la ruptura de la comunicación, pues muy pocos adolescentes están dispuestos a aceptar que las cosas son como las dice su papá o su mamá y que no hay nada que discutir. Si a esto se agrega el desconocimiento por parte de los padres de que lo que están viviendo sus hijos, el concepto de "brecha generacional" deja de ser una imagen para convertirse en una realidad bien precisa; padres e hijos dejan de comunicarse porque no tienen interés en saber lo que piensa el otro, porque no saben qué decirse, ni cómo decirlo.

En síntesis, podría decirse que no existe una sola razón para, ni una sola manera de, volverse usuario de cualquier sustancia psicoactiva. Siempre se encuentran factores en interacción, de orden personal y familiar, relacionados con las condiciones del ambiente y asociados a las características de la sustancia que se emplee. Solamente cuando se tienen en cuenta los diferentes elementos que componen el problema se puede llegar a tener una visión realista, capaz de generar soluciones adecuadas, consistentes y durables. Y en todos los casos tales soluciones deberán necesariamente involucrar a lo que se ha definido como "factores de riesgo". Pérez afirma que es entonces necesario, además de continuar abordando el tema desde lo académico, involucrar a quienes tienen posibilidades concretas de implementar estrategias que le den una dirección definida al proceso de devenir social: es decir, los padres de familia y los profesores de los colegios.

 
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